
1. Otro día más con 12, 14, 16 horas y hasta más sin electricidad: sin luz, sin ventilador, sin refrigeración para preservar los alimentos arañados a la escasez y la carestía. Cuando no hay electricidad, pues también falla la conexión a Internet y, por supuesto, suele faltar el agua que, incluso si hay corriente eléctrica, a muchísimas localidades no llega todos los días. El gas butano para cocinar igualmente suele esfumarse de los puntos de expendio racionado y, cuando aparece, las colas son tensos tumultos, que pueden extenderse hasta la madrugada, pues una realidad nacional es que cuando hay, debes coger, pues todo se acaba. Todo. Mientras, el precio del carbón, el combustible más recurrido por muchas familias para cocinar (sin gas ni electricidad) se ha disparado hasta alcanzar una cuarta parte de un salario promedio (1.000 pesos de 4.000) por una saca del producto y, además, no siempre es fácil conseguirlo.
