Los médicos, sobre todo los de familia, están muy cotizados en España: el Ministerio de Sanidad calcula que hay un déficit de más de 4.500 en esta especialidad. A esto se suma un aumento de la asistencia sanitaria desde la pandemia ―las consultas en Atención Primaria han crecido un 9%― que tiene a los centros de salud más saturados que nunca. Algunas comunidades autónomas empezaron a mover ficha hace un par de años, tratando de incentivar que los residentes se quedaran, mejorando condiciones y salarios. El último movimiento lo ha hecho Cantabria, subiendo el sueldo de los especialistas que terminan el MIR hasta los 61.000 euros brutos al año, lo que el consejero vasco de salud tachó la semana pasada de “una opa hostil” para quedarse con sus facultativos.
