
Hay un caldo que borbotea desde hace cuatro años dentro del PSOE, un partido que, unido histórica e indiscutiblemente al feminismo y a la protección de los derechos del colectivo LGTBIQ+, dio en el Congreso Federal de este pasado fin de semana lo que supone para muchos un paso atrás o al menos un freno en lo alcanzado hasta ahora; y para otros un paso adelante precisamente porque frena la agenda queer —la de las identidades sexuales minoritarias—. En Sevilla decidieron el que quieren que sea su camino en los siguientes años, y en esa cita se acordaron, entre otras muchas, dos cuestiones: incorporar un texto en el que se explicita que “ninguna persona de sexo masculino pueda participar en las categorías destinadas a mujeres”, y fijar de nuevo el acrónimo para nombrar al colectivo como LGTBI, sin el signo + y sin la Q.
