Aún resuenan los ecos del debate ético que suscitó Steven Spielberg con su película de 2002 Minority Report. Inspirada en un relato corto de Philip K. Dick (que también escribió aquel cuento sobre el que se basó Blade Runner), la cinta presenta un servicio de policía capaz de predecir que se va a cometer un crimen, y, por tanto, de evitarlo. La excusa argumental para predecir los delitos es una sandez de proporciones bíblicas, con unos sujetos calvos y subacuáticos aconsejados por los ectoplasmas que aquello es que dan ganas de encerrar a los guionistas, pero el fondo de la cuestión sigue siendo válido pese a esa exhibición de ordinariez narrativa. Si pudiéramos predecir un crimen, ¿deberíamos detener al tipo que va a cometerlo? Ese tipo todavía no ha hecho nada, y, por tanto, es inocente. ¿Bajo qué cargos le detienes? Además, al evitar que cometa el delito, destruimos la prueba de que iba a cometerlo. Parece una paradoja griega.
