Hace no tanto tiempo, la sociedad chilena proyectaba el futuro en base a algoritmos y ciudades inteligentes. Una representación que imaginaba la cotidianidad de manera más eficiente, interconectada y adaptada a las nuevas dinámicas digitales, que con su lógica y visión definieron una suerte de cuadro ideal de la modernidad y del mañana tecnológico. Sin embargo, hoy el escenario se ha ido desdibujando: el arribo de la inteligencia artificial (IA) ha complejizado la conversación, revelando impactos profundos a nivel territorial, físico y político.
