
Las concentraciones convocadas este domingo en varias ciudades españolas para defender Europa muestran que una parte de la opinión pública ve en peligro, y con razón, el modelo político y social que, más allá de sus carencias o limitaciones, ha permitido en la mayor parte del continente europeo la era más larga y compartida de paz, libertad y prosperidad en su historia reciente. El éxito se ha debido en gran medida a la superación de los instintos nacionalistas a través de una Unión Europea donde la cesión de soberanía y el respeto a la diversidad no ha sido una suma cero sino un multiplicador del potencial de cada uno de los socios. Tras la hecatombe bélica de la primera mitad del siglo XX, Europa se hizo grande otra vez gracias a que dio la espalda a las políticas empeñadas en construir el futuro de cada nación en base a la ocupación o destrucción del resto.
