No llueve pero el asfalto patina. El coche Shimano pasa a toda velocidad a su lado. No puede ayudarle. Nadie puede ayudar a Mikel Landa, caído y roto en una acera. Posición fetal sobre el hombro derecho. Toda Tirana en la calle y él, ahí. Faltan cinco kilómetros y poco para la meta y el alavés acaba evacuado en una ambulancia, fin para él en el Giro de Italia. Segundo paso por el lugar. Descenso rapidísimo. Lanzado el pelotón conducido por el Lidl hacia la primera maglia rosa de Mads Pedersen al sprint ante la pirámide-mausoleo de Enver Hoxha, gozoso centro de escalada sus paredes inclinadas para jóvenes del futuro.
