Galpón Víctor Manuel. Es el corazón del persa Biobío, eje del barrio en el cual transcurre mi novela Matadero Franklin, y donde he ido desde que tengo uso de razón. Allí aprendí a amar los objetos antiguos y donde también me convertí en un acumulador compulsivo. Mi abuelo, al igual que mi papá, eran muy cachureros [personas que guardan muchas cosas]. Me llevaban, así que conozco ese lugar desde niño. De ahí que tengo miles de cuestiones de cachurero infernales: botellas, relojes viejos, juguetes, bastones y todo lo inimaginable. Pero me encanta esa dimensión de la ciudad. Yo soy muy nostálgico. Siempre he tratado de sanarme la nostalgia, pero es una enfermedad que padezco hace mucho rato. (Víctor Manuel 2230).



