En la encrucijada en la que se encuentra la Iglesia católica en el mundo, con pérdida masiva de vocaciones, una curia anquilosada, el escándalo aún sin resolver de los casos de pederastia y una polarización enorme sobre el camino a seguir, la elección del primer pontífice estadounidense no deja de ser un gesto osado. Es cierto que la biografía de Robert Francis Prevost contiene atenuantes suficientes como para limitar el efecto negativo de su nacionalidad entre los católicos del Sur y seguramente de Europa: ha sido durante años obispo en Perú y, aunque nació en Chicago, sus padres son de origen francés y español. Después de todo, la elección del primer papa de Latinoamérica estuvo también mitigada por el hecho de que Jorge Mario Bergoglio era nieto de italianos.
