El informe anual de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH, el brazo defensor de los derechos humanos de la Organización de Estados Americanos) no suele ser una lectura que induzca al optimismo. El correspondiente a 2024, presentado este jueves en la sede del organismo en Washington, aún menos. Constata problemas desde la reducción del espacio cívico, el aumento de los discursos de odio o, en países concretos, las irregularidades en el proceso electoral de Venezuela o la situación carcelaria en El Salvador. Unos problemas a los que ahora se añade el retroceso de EE UU en el trato a los migrantes o a las minorías. “Estamos viviendo una de las épocas de mayores retrocesos para los derechos humanos. Sobre todo, porque no advertimos que el sistema internacional esté lo suficientemente fuerte para dar estas peleas”, opina la vicepresidenta primera de la CIDH, la abogada argentina Andrea Pochak.
