Todo han sido contratiempos para Nissan desde que empezó el año. Las negociaciones con su homólogo Honda naufragaron en febrero, tras dos meses buscando la fórmula de fusión que les permitiera hacer frente al pujante mercado chino. En esos mismos días, el presidente estadounidense, Donald Trump, amagaba con desatar una guerra arancelaria contra México que el Gobierno todavía batalla por contener. Con importantes plantas de producción en el país y más de 15.000 trabajadores, el gigante automovilístico japonés contiene la respiración. El clima y los resultados —se prevén pérdidas de casi 550 millones de dólares este año— no eran favorables para su director, Makoto Uchida, cuyo liderazgo ya era cuestionado dentro y fuera de la compañía, que ha decidido traspasar el bastón de mando al mexicano Iván Espinosa.
