Parece ser que algunos centros públicos han decidido dejar de celebrar el Día de la Madre para que no se incomoden los niños que no tienen una o tienen dos y ahora festejan el Día de las Familias. Es un ejemplo más de cómo los adultos estamos empecinados en aislar a los niños del mundo real moldeando su entorno a medida. Con la capacidad que tienen los pequeños para entender la diferencia, el problema no lo tienen ellos sino los mayores que los sobreprotegemos de un modo casi patológico. No hay dos familias iguales ni dos madres iguales, así que la celebración de una jornada dedicada a reconocer el esfuerzo reproductivo que hacemos las hembras humanas para dar nueva vida no es ni de lejos un trauma para quienes tienen otro tipo de cuidadores.
