La ciudadanía, como bien decía Philip Pettit en su Republicanismo, siempre prefiere afanarse con sus asuntos diarios en paz, y que sean las instituciones que los representan las que resuelvan los asuntos que atañen al bien común; la ciudadanía no se moviliza, a no ser que existan razones extraordinarias. Nunca en nuestra vida hemos tenido circunstancias más extraordinarias.
