Se acerca el verano. Busco destinos para disfrutar de mis vacaciones y solo veo las mismas playas paradisíacas y los mismos atardeceres imperdibles. Antes eran los blogs, luego YouTube, ahora es Instagram. Las redes sociales me venden cientos de destinos distintos, y yo ya no me acuerdo de lo que quería hacer. Llegas al destino elegido, te has preparado una lista de lugares históricos, restaurantes y paisajes tras consumir 10 vídeos y 98 stories de influencers. Pero la realidad es otra. Hay gente esperando para fotografiar el último rayo de sol que se esconde, y una fila que cruza la calle justo al lado de tu mesa para entrar al restaurante. No lo juzgo; yo también me he visto en esta situación. Por eso me sigo preguntando adónde ir este verano.
