Comparado con otros conflictos en los que se enredan nuestros políticos, la ventaja del famoso apagón es que sus causas acabarán siendo sabidas al detalle. Podrá tardarse más o menos, pero al final se desvelará el fondo del asunto. Aunque solo sea porque nuestros socios europeos exigirán explicaciones técnicas precisas, y la evaluación de estas permitirá atribuir las responsabilidades correspondientes. El asunto dejará de ser “opinable”, como ocurrió en el debate parlamentario posterior, tan similar a los que afectan a cualquier otro acontecimiento político.
