
La declaración de la renta es un trámite que los contribuyentes deben afrontar año tras año para rendir las cuentas pertinentes con Hacienda. Y si hay un apartado que afecta a la práctica totalidad de ellos, ese es, sin duda, el que afecta a la vivienda. A fin de cuentas, la mayoría de los contribuyentes viven en su casa o en alguna que hayan alquilado y todo debe pasar por los ojos de la Agencia Tributaria. La vivienda habitual, por ejemplo, debe declararse a modo informativo, el alquiler tributa en la base general como rendimiento del capital inmobiliario y la venta lo hace en la base del ahorro como ganancia o pérdida patrimonial. Tan solo están exentos de aportar información los ciudadanos que son nudos propietarios —cuando no pueden disfrutar del inmueble porque en él está el usufructuario— y los dueños de solares no edificados.
